miércoles, 13 de agosto de 2014

Reflexión sobre el arteterapia en la escuela


Cómo una exigencia de un profesor puede convertirse en una falta ética-profesional a observar


Cuántas veces no hemos escuchado –de algún estudiante o apoderado- reclamos o anécdotas que nos dejan pensando sobre la educación que recibimos y los márgenes éticos y profesionales que lo demarcan. Dentro de estos márgenes también está el sentido común, que muchas veces no es oído ni tomado en cuenta a la hora de hacer una petición a los padres, apoderados y alumnos.

Para ello quiero comentar una experiencia que tuve en mi época de liceo, que para mi gusto, deja bastante que desear y me llevo a importantes reflexiones sobre la postura que uno como estudiante puede tener en estas circunstancias y cómo puede hacerla valer de manera respetuosa y adecuada.




Recuerdo que estaba en segundo o tercero medio, cuando un día la profesora de religión (la llamaremos A. para resguardar su identidad) me llama adelante para comentarme algo importante. Me hace unas preguntas y me dice que le llama la atención que en clases no comparta tanto, que me notaba muy solitaria y tenía la sospecha de que pudiera haber algo detrás de esa conducta, por lo que solicitaría a mis papás que me viera una psicopedagoga y enviara a la escuela un informe psicológico para descartar que tuviera autismo. Sin darse cuenta, toda la primera fila y un poco más atrás escucharon completamente la conversación, por lo que comenzaron de inmediato a sacar conjeturas, hacer comentarios entre los grupos que habían y se generó polémica al respecto.

En mi grupo éramos 5 las más cercanas y todas fuimos parte de 2 de los grupos: “la comunidad del cochayuyo” –que no recuerdo cómo surgió ese nombre-  y “la isla” –que era un grupo de 3 ó 4 que quedaban cerca de la ventana y luego la puerta de la sala cortaba esa fila. Entre las más cercanas lo comenté, me apoyaron y me dijeron que no me preocupara, que sólo estaba fijándose en su propia apreciación y no sabía lo que estaba haciendo con ello, ya que conjeturar y pedir una evaluación tal sólo porque a ella le parece, no era lo más adecuado. Ante ello algunas comenzaron a hacer bromas pesadas, hirientes y algunas lo encontraron injusto y desubicado viniendo de nuestra profesora jefe (que se supone, nos conoce mejor).



                                          



Lo peor estaba por venir: cuando le comenté a mis papás la “anécdota”, su primera reacción fue de molestia, sorpresa e intriga, dado que me conocen lo suficiente como para saber que era una adolescente sana, que era imposible que fuera autista, por lo que mi papá se negó rotundamente a someterme a una evaluación innecesaria, lo halló ridículo y ofensivo de alguna manera, ante lo que reaccionó muy mal. Mi mamá estaba tranquila, pese a que le molestó mucho esta petición, pero para no tener problemas con el instituto, estaba dispuesta a que me evaluaran, ya que si no tenía autismo no tenía de qué preocuparme. Como no quiso mi papá, mi mamá prefirió esperar un tiempo y ver cómo se iba resolviendo esto, y estaba totalmente dispuesta a hablar con la profesora en cuestión para ver por qué surgió esta interrogante en ella.

Finalmente, al conversarlo con mis padres, les propuse que me evaluaran, ya que era la mejor forma de cerrar esta absurda petición y hacerle ver a la profesora lo errada que fue su apreciación, que al menos debería haber consultado a otros profesores y compañeras sobre mi manera de ser y comportarme para tener una mirada más abierta al respecto.

Al poco tiempo les envió una citación a mis padres para hablar con ellos al respecto, diciéndome que si no me hacían la evaluación que ella estaba exigiendo, tendría que acudir a la dirección del instituto para “regularizar esta situación”. Nuevamente escuchó casi todo el curso, ya que habló fuerte y justo se dio un silencio.

Mientras fui el hazmerreir de varias, fui tema de conversación en distintas ocasiones y bromas de pésimo gusto, lo que mermó bastante mi autoestima y me puso irritable, me molestaba con facilidad y me dieron ganas de rebelarme ante la situación, ya que sentí que algo tan delicado podría haberse llevado de otra manera, sabiendo que esas reacciones de las adolescentes y niñas son de esperarse. Me dio impotencia no poder hacer nada, ante lo cual mis papás cedieron para evitar represalias y medidas más injustas desde esta profesora o de la escuela.

Me evaluó una psicopedagoga y vio que no tenía nada, sólo algunas dificultades para resolver problemas que requerían de lógica matemática, para lo cual tenía pocas habilidades, algo que a todos nos pasa en ramos que no nos interesan tanto o que no somos tan doctos. Le entregué el informe a la profesora y al verlo se quedó en silencio absoluto, no dijo una sola palabra, y el curso quedó en silencio observando su reacción, ante lo cual le dije: creo que debió haber llevado esto de otra manera, fue innecesario hacerme pasar por todo esto sólo por una simple apreciación suya, sin referencias ni otros comentarios de profesores y compañeras que le dieran a entender mi comportamiento. Tampoco me quiso escuchar cuando dictaminó esta exigencia, siendo que lo único que iba a responder a ello era que así nos educaban, para ser niñas-mueble, obedientes, ordenadas, bien portadas, con buen rendimiento, que sepan permanecer en silencio si se lo piden, que haga lo que le dicen que haga… ¿no es así una alumna ejemplar según la SIP, según este instituto y cuántos otros liceos y colegios? Realmente me llama la atención que una profesora me haya hecho pasar un tan mal rato, tener que soportar humillaciones que duelen, susurros casi en mi oído de algo sin sentido y completamente absurdo. Espero que ese informe le dé cuenta de lo que quería saber, y que ojalá nunca más vuelva a pasar algo como tal, a nadie, porque si se quiere se puede ser demasiado hiriente con otros y prestarse para situaciones desagradables como esta. Soporté esto sólo porque no quería tener problemas con nadie, porque me vi entre la espada y la pared al ser presionada a hacer algo que sabía que era innecesario, que bastaba con haberme escuchado a mí y a mis padres para comprender por qué me comportaba así en clases. Demás está decir qué pasó después, sólo continuó con la clase y las compañeras que me molestaron y dijeron cosas hirientes sólo bajaron la cabeza sin decir una palabra. Agradezco que no volviera a reaccionar mal o que hiciera algo peor, pero tuve mi momento de desahogo y eso fue para mí lo más tranquilizador. Ahí sí me sentí escuchada y tomada en cuenta, cuando era la persona en cuestión, pero fue desagradable y doloroso pasar por todo eso, ojalá no lo haya pasado nadie más (al menos en ese tiempo no pasó por suerte).






Aparte de impactarme su observación y ver lo sesgada que era (siendo nuestra profesora jefe, sólo nos veía en orientación, consejo de curso y religión, no todo el día), me llamó la atención completamente que sólo se basara en lo poco que compartía con nosotras, sin tener referencias o comentarios de otros profesores, dado que no me había observado en otros contextos en que compartía con mis amigas y compañeras, tanto del curso como de electivo y otros, así como con los auxiliares, con la bibliotecaria y profesores de los ramos que más llamaban mi atención.


Siempre fui muy inquieta intelectualmente, incluso hoy sigo siendo igual, por lo que preguntaba todas mis dudas, investigaba mucho sobre los temas que más me apasionaban, pasaba mucho tiempo en biblioteca y conversando con gente adulta –auxiliares y profesores- (algo habitual para una persona que en su casa está rodeada mayormente de adultos), por lo que no era excluyente –sino todo lo contrario- el compartir mucho tiempo con mis amigas y compañeras de curso también.

Se nos enseña que en clases hay que poner atención, que hay que estar en silencio, ser obedientes y respetuosos, andar limpios y ordenados, tener buen rendimiento y saber comportarse según las diversas circunstancias, sin embargo, cuando hay que exponer situaciones como estas, solemos quedar de imprudentes, irrespetuosos, altaneros, etc., cuando sólo estamos dando a conocer nuestro sentir y nuestro pensar, educadamente y sin faltar el respeto a nadie, sólo haciendo valer el derecho a ser escuchado, nada más.

Aquí noto que el arteterapia sería una muy buena forma de sobrellevar y mediar en estos casos, donde a través del proceso creativo, la interacción grupal y el diálogo se puede hacer ver al curso que no podemos tratar así a nuestras compañeras, que se hace daño cuando prejuzgamos sin conocimientos previos, que no podemos sacar conjeturas a raíz de nuestro pensar, sin tomar en cuenta el sentido común, el criterio y ser elocuente ante ello.

Primero que nada hay que apoyar y comprender la situación, y luego hablar y ver qué pasa.





Referencias consultadas

-       Efland, Arthur D. (2004), “Arte y cognición: la interacción de las artes visuales en el currículum”. Barcelona, España. Edit. Octaedro.

-       Karkou, Vassiliki y Glasman, Judy (2004), “Arts, education and society: the role of the arts in promoting the emotional wellbeing and social inclusion of young people”, Revista “Support for learning”, Vol. 19 – N°2.

-       Rigo Vanrell, Catalina (2007), “Creación artística en la adolescencia: vinculaciones terapéuticas” (artículo).

-       Rodríguez Fernández, E. (2007), “Aplicaciones del arteterapia en aula como medio de prevención para el desarrollo de la autoestima y el fomento de las relaciones sociales positivas: Me siento vivo y convivo“ (artículo).

-       Miret Latas, M.Ángeles y Jové Monclús, Gloria (2011), “Arteterapia para todos: la clave está en la diferencia” (artículo).

-       Rosal, M.L. (1996), “Abordajes de arteterapia con niños”. Abbeygate Press Ediciones (traducido por Estela M.Garber en 2012).






Reflexiones sobre el proceso creativo y la utilización de materiales



Existe una gran variedad de materiales con los cuales podemos trabajar en arte terapia, así como también podemos reciclar y reutilizar otros, dándoles otros usos, disposiciones y aplicaciones. Es por esto que, a partir de la bitácora de proceso creativo y experimentación con diversos materiales, pude rescatar momentos, sensaciones, emociones y necesidades propias que no había oído internamente y emergieron en esta experiencia. Algunas de ellas son: contención, calidez, resguardo, sutileza, suavidad, eteridad, dinamismo, calma y quietud, tristeza y nostalgia, libre juego en la aplicación de materiales, naturaleza y sanación, resistente, capullo, espontaneidad, lo lúdico, nido, rabia y autocontrol, repetición y obsesión, descarga de esa rabia contenida, luminoso, etéreo, calmo, tranquilizador, fluir y no pretender, mandala como forma que emerge, círculos… y más.

De todas estas palabras, formas reiterativas y necesidades que espontáneamente emergen en este proceso creativo, recuerdo cómo se fue desarrollando poco a poco un sentido, cómo adquirió un sentido personal este proceso y de qué manera lo simbolicé al momento de construir mi bitácora. Ahora que plasmo mis reflexiones al respecto, noto que tuve que desandar lo aprendido para poder experimentar libremente con los materiales, que al haber pasado por una carrera de artes visuales (previa a este nuevo proceso que vivo al adentrarme en el arteterapia), aprendí muchas técnicas y usos de los materiales, por lo que me sirvió haber estado desconectada un tiempo de ese proceso creativo para experimentar con mayor libertad en esta ocasión.


                       
                                                                          
Pasteles secos


Así mismo, veo la importancia del proceso creativo en el ámbito terapéutico, dado que a medida que vamos creando (en distintos momentos, días y horas), van ocurriendo cambios, ya sea de ánimo o de emociones y sensaciones que surgen al enfrentarse a los materiales de arte, en donde nos vemos enfrentados a cómo podría sentirse un usuario/paciente en ese espacio de terapia de arte. Es increíble ver que un gesto tan sencillo puede simbolizar tanto, teniendo claro que no todos los días estamos igual que el anterior, marcando un momento importante en nuestras vidas cada gesto espontáneo plasmado en nuestras obras y creaciones. Esta experiencia nos sirve para empatizar con ellos, ya que al estar en el lugar de quien crea y se expresa, podemos experimentar gran parte de las sensaciones y emociones que emergen en esas circunstancias.



Pasteles secos




  
Acrílicos





Acuarelas


Es interesante lo que pasa con la opción de trabajar con materiales reciclados o reutilizar materiales sobrantes como recortes de telas, papeles, etc., ya que no siempre tendremos los recursos para crear, por lo que en muchas situaciones tendremos que adaptarnos a lo que tengamos a mano, a lo que nos pueda ofrecer un lugar, la naturaleza, la palabra, la propia historia, etc. Lo que me parece muy bello e importante es cómo a partir de algo restante se puede hacer algo completamente nuevo, diferente, que simbolice a la vez tantas cosas, como me pasó al hacer una pequeña arillera (en donde llegué a la importancia de cultivar el amor propio y el autocuidado en el proceso arteterapéutico para mantener una autoestima sana y llevar este proceso de manera saludable para uno también) y un ejercicio de patchwork (donde me conecté con un deseo que tuve que restablecer, que en un momento desplacé y dejó una huella importante, pero que pude sanar y restaurar a través de este proceso: mi deseo de ser madre, cuando sienta que sea el momento).





También es importante observar algunos materiales que sufren cambios al secarse, como masas (de sal, arcilla o greda) o pinturas (acrílicos, témperas o acuarelas), dado que se pueden rescatar muchos simbolismos de estos procesos y cambios, y llevarlos a la vida misma, al momento que estamos pasando, como a lo que otros puedan simbolizar dentro de su proceso creativo.





Existen otros materiales de naturaleza dual (lápices de cera, que son acuarelables y también se puede frotar encima para difuminar el color con el calor de los dedos), que permiten aplicaciones que no imaginamos que puedan tener. Estamos tan acostumbrados al uso dado de las cosas que no exploramos con naturalidad y espontaneidad las diversas propiedades de los materiales. Es por esto que, al abrirnos al proceso creativo, emergen propiedades que no conocíamos, adquirimos recursos que no teníamos y aprendemos a crear nuestras propias herramientas de trabajo, así como a simbolizar lo importante de lo que podemos observar y rescatar de las imágenes que aparecen.







Conclusiones

Apoyar, acompañar y guiar el proceso creativo de una persona es el hilo principal por el cual se va tejiendo un diagnóstico o prediagnóstico; es lo que lleva al arteterapeuta a dilucidar lo que esta oculto a la vista de otros especialistas, convirtiéndose en una gran herramienta de trabajo terapéutico que viene a complementar la labor de la medicina tradicional y sus aristas, que comprende tanto la salud física, mental como emocional.

Realmente me sorprende todos los alcances que puede tener el arteterapia en sus diversas aplicaciones; jamás pensé que pudiera tener tales repercusiones en los procesos de vida, en miradas profundas de nuestras experiencias, y lo importante que se vuelve el proceso creativo y la capacidad de simbolización que se desenvuelve o desarrolla en este viaje a lo más profundo de nuestro ser. Comprendernos como seres humanos no es fácil, vivimos muchos procesos complejos que nos llevan a la autorrealización y a desarrollar nuestra capacidad autosanadora, así como también a la autoagresión o a dañar a otros. He aquí la importancia del “darse cuenta” de lo que hacemos, lo que pensamos y sentimos, para pulirnos y ser mejores día a día, para ver las cosas buenas que tiene la vida, en la paz o en el caos, siempre habrá algo bueno que rescatar o moralejas que aprender.

Finalmente, todo en esta vida es una gran experiencia, llena de miles de experiencias más pequeñas que marcan hitos importantes en nuestras vidas, construyendo así nuestra gran línea de tiempo, nuestra historia personal, que está llena de momentos. Es por esto que los invito a sumergirse en las aguas de su ser, a atreverse a conocerse, a reconectarse consigo mismos a través del arte, una manera sutil de espejar lo que somos.






Referencias consultadas

-       Winnicott, D. (1971), “Realidad y juego”. Barcelona, España. Edit. Gedisa.

-       Dewey, J. (2008), “El arte como experiencia”. Barcelona, España. Edit. Paidós.

-       Allen, Pat B. (1997), “Arteterapia: guía de autodescubrimiento a través del arte y la creatividad”. Madrid, España. Edit. Gaia.

-       Marxen, E. (2011), “Diálogos entre arte y terapia”. Barcelona, España. Gedisa ediciones. – Cap.6. (sobre uso de materiales, el espacio y el encuadre).

-       Lowenfeld, V. (1961), “Desarrollo de la capacidad creadora”. Buenos Aires, Argentina. Edit. Kapelusz.

-       Vigotsky, L. (1971), “Psicologia del arte”. Buenos Aires, Argentina. Edit. Paidós.

-       Bachelard, G. (1965), “La poética del espacio”. México. Edit. FCE.

-       Eliade, M. (2000), “El mito del eterno retorno”. Buenos Aires, Argentina. Edit. Alianza/Emecé.